Estamos viviendo un tiempo en el que el mundo entero parece estar interconectado por estructuras profundamente fascistas, atravesado por una necropolítica que encuentra en el capitalismo gore una de sus expresiones más brutales. La muerte, el despojo y la degradación de la vida humana forman parte de una lógica de poder que se extiende por prácticamente todos los territorios.
No estamos en tiempos para ser políticamente correctos. La avanzada de la ultraderecha debe ser detenida y necesitamos recuperar los territorios, nuestros cuerpos, nuestras vidas y el derecho de todas las personas a vivir dignamente. Esto también exige reconocer hasta qué punto hemos normalizado la crueldad y aprendido a convivir con formas de dominación que hace tiempo tendrían que habernos resultado intolerables.

Radicalizarnos, en el sentido de volver a la raíz, de enraizarnos, probablemente sea una de las pocas posibilidades que tenemos para enfrentar a los grandes amos de la muerte y la degradación. Y quizá debamos comenzar por dejar de pedir permiso para defender aquello que nunca debió estar en disputa: la vida misma.
Christian Ortíz.
Notas de esperanza.
18 de octubre del 2026
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