La machósfera y el colapso de los hombres


A eso hoy muchas personas le llaman la machósfera o la manósfera. Un ecosistema digital donde conviven influencers de hipermasculinidad, gurús del éxito, comunidades antifeministas y distintos subgrupos que, aunque tienen diferencias entre sí, suelen compartir una misma lógica: la idea de que el hombre tiene que ser fuerte, exitoso, dominante y emocionalmente invulnerable.


Y creo que aquí es importante hacer una pausa para no simplificar el fenómeno.
Porque no se trata únicamente de “hombres malos en internet”. Muchos hombres llegan a estos espacios profundamente atravesados por la soledad, la ansiedad, la precariedad emocional y el miedo a sentirse insuficientes en un mundo cada vez más competitivo. El problema es que muchos de estos discursos toman ese dolor real y lo transforman en resentimiento, superioridad masculina y rechazo hacia las mujeres, los feminismos o cualquier cosa asociada con la vulnerabilidad.


Dentro de la machósfera existen distintas comunidades y estilos de contenido que vale la pena identificar.


Por ejemplo, están los llamados “red pill”, inspirados en la idea de “despertar” a una supuesta verdad sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Suelen promover la idea de que el feminismo perjudicó a los hombres y que las relaciones funcionan desde jerarquías de poder y dominación emocional.


También están los “alpha male” o gurús de masculinidad extrema, que venden una imagen del hombre completamente autosuficiente: disciplinado, frío emocionalmente, exitoso económicamente y obsesionado con el rendimiento. Aquí aparecen constantemente discursos sobre dinero, liderazgo, control y superioridad masculina.


Otro fenómeno muy visible son los “gym-bro”. Y claro, hacer ejercicio no tiene nada de malo. El problema aparece cuando el gimnasio deja de ser salud y se convierte en una identidad rígida donde el cuerpo funciona como símbolo de superioridad moral, y donde muchas veces se desprecia la sensibilidad emocional o cualquier expresión de vulnerabilidad.


Algo parecido ocurre con los “crypto-bro”, muy vinculados al capitalismo digital y a la fantasía del éxito financiero inmediato. Trading, criptomonedas, emprendimiento extremo y discursos de “mentalidad de tiburón” suelen mezclarse con una masculinidad basada en competencia, hiperproductividad y autosuficiencia absoluta.


También existen espacios mucho más preocupantes, como los “incels” —célibes involuntarios—, comunidades profundamente atravesadas por resentimiento y misoginia, donde algunos hombres transforman sus experiencias de rechazo o soledad en odio hacia las mujeres y hacia el mundo en general.


Y aunque todos estos grupos tienen diferencias importantes, muchos comparten algo en común: la dificultad para habitar la vulnerabilidad.

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La psicoanalista Lola López Mondéjar habla justamente de esto cuando menciona la “fantasía de invulnerabilidad”. Durante muchísimo tiempo a muchos hombres se les enseñó que depender emocionalmente de alguien, sentirse frágiles o necesitar afecto era una forma de fracaso. Entonces, en lugar de aprender a relacionarse con la vulnerabilidad, muchos terminan construyendo identidades basadas en el control, el rendimiento y la negación emocional. 


Y eso conecta profundamente con el capitalismo contemporáneo.
Vivimos en una época donde pareciera que todo el tiempo tenemos que demostrar algo: producir más, ganar más, vernos mejor, tener más éxito, ser más eficientes, más fuertes, más deseables.
El filósofo Byung-Chul Han habla justamente de esto cuando describe la sociedad del rendimiento: sujetos que ya no sólo trabajan, sino que se convierten en empresas de sí mismos. Y siento que gran parte de la machósfera toma esa lógica neoliberal y la transforma en identidad masculina.
Por eso abundan estos discursos del “modo guerra”, la “mentalidad de tiburón”, el gimnasio obsesivo, el trading, las criptomonedas, la productividad extrema o la idea de que descansar, vincularse afectivamente o mostrar sensibilidad es debilidad.


Y sin embargo, detrás de toda esa estética de dureza, muchas veces lo que aparece es un profundo vacío emocional.
Por eso me parece tan importante recuperar también otras conversaciones posibles alrededor de las masculinidades. No solamente desde la crítica, sino desde la posibilidad de imaginar otras formas de ser hombres.
Pienso mucho en lo que plantea Silvia Federici cuando habla de “reencantar el mundo”. Frente a una lógica que nos quiere aislados, hiperproductivos y compitiendo constantemente, quizá necesitamos volver a construir comunidad, vínculos, cuidado y afectividad.
Porque tal vez el problema no es que los hombres sean vulnerables. El problema es que durante siglos se les enseñó que reconocer esa vulnerabilidad los hacía menos hombres.
Y quizá ahí está una de las preguntas más importantes de nuestro tiempo: ¿cómo construimos masculinidades que no necesiten dominar para sentirse valiosas?


Les compartimos esta conversación que sostuvimos en el espacio de Mónica Soto, a través de enradiopasillo.com, donde Verónica Terrazas y Christián Ortíz reflexionamos sobre algunos fenómenos contemporáneos vinculados a la machósfera, las masculinidades, el capitalismo digital y las miradas feministas y antipatriarcales frente a estos temas.
Fue un diálogo profundamente necesario para pensar colectivamente qué está ocurriendo con ciertos discursos sobre masculinidad en redes sociales y cómo podemos construir formas más sensibles, críticas y humanas de habitar nuestros vínculos.
Agradecemos muchísimo a Mónica Soto por abrir constantemente espacios comprometidos con conversaciones socialmente sensibles, responsables y atravesadas por una genuina preocupación ética y humana. Proyectos como radiopasillo.com son fundamentales para seguir construyendo diálogo, pensamiento crítico y comunidad.
Les invitamos también a seguir y acompañar el trabajo de radiopasillo.com en FB y a escuchar esta charla completa.

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