Sin incomodidad no hay evolución.
Círculos en torno a la masculinidad, pero sin incomodarse.
El proceso de reflexionen torno al ser hombre y las implicaciones asociadas a las violencias que ejercemos es una serie de senti-pensares incómodos. Tambien implica acciones concretas: dejar de acosar, asumir paternidades responsables, trabajar las violencias que hemos recibido y que hemos generado, romper el pacto patriarcal y abandonar prácticas que perpetúan desigualdades. No es un camino sencillo, pero tampoco requiere discursos elaborados ni rituales vacíos.
Cuando hablamos de masculinidad, enfrentamos un legado que no es fácil de reconocer. Hemos crecido en un sistema que nos ha enseñado que el poder, la dominación y la desconexión emocional son la esencia de ser hombre. Pero lo cierto es que estas dinámicas nos lastiman tanto a nosotros como a quienes nos rodean. Y aunque la deconstrucción ha ganado terreno como tema de conversación, he visto con preocupación cómo, en muchos espacios, los discursos se han convertido en simulaciones que no llevan a un cambio real.
Pienso, por ejemplo, en los círculos de hombres y la moda del “sagrado masculino”. En teoría, estos espacios deberían servir para sanar, reflexionar y construir nuevas formas de ser hombre. Pero, en la práctica, suelen convertirse en epicentros de victimismo, donde algunos hombres lloran sin cuestionar su papel en las violencias que perpetúan. Llorar no está mal. Todos lo necesitamos. Pero, ¿qué pasa si después de las lágrimas no hay una acción concreta? ¿Qué pasa si usamos el sufrimiento como escudo para evadir la responsabilidad?
La masculinidad no se transforma con discursos espirituales superficiales ni con el abrazo de una supuesta energía masculina sagrada. Transformarla exige mirar de frente nuestras fallas y asumir que, sí, somos parte del problema. Esto no significa que debemos quedarnos en la culpa, pero tampoco huir de ella. La culpa es un recordatorio de que algo necesita cambiar.

El depredador también dentro de nosotros.
No es una metáfora agradable, pero es cierta. Todos, en mayor o menor medida, hemos perpetuado violencias. Reconocerlo duele. Y, sin embargo, es un paso fundamental para romper con las cadenas del trauma transgeneracional que cargamos. Porque no solo somos responsables de lo que hacemos; también somos responsables de sanar las heridas que heredamos para no seguir transmitiéndolas.
Pero, ¿qué significa esto en la práctica? Significa, para empezar, dejar de buscar excusas. Es hora de asumir paternidades responsables, no solo porque es un deber, sino porque los hijos necesitan padres presentes que rompan con el ciclo de abandono que ha sido normalizado por generaciones. También implica romper con la cultura del acoso y del consumo de cuerpos: las mujeres y los niños no son objetos para satisfacer nuestras necesidades.
Trabajar las violencias también requiere que nos cuestionemos cómo hemos aprendido a relacionarnos con el poder y la vulnerabilidad. En lo personal, me ha resultado difícil reconocer que las violencias que he sufrido no justifican las violencias que he ejercido. Pero hacerlo es liberador, porque abre la puerta a construir relaciones más sanas, tanto conmigo mismo como con los demás.
Por último, creo que es fundamental que dejemos de romantizar nuestra deconstrucción. No necesitamos ser celebrados por hacer lo mínimo. Dejar de violentar no nos convierte en héroes; nos convierte, simplemente, en seres humanos responsables.
Si de verdad queremos transformar la masculinidad, tenemos que alejarnos del discurso vacío y entrar al terreno de las acciones concretas. Esto no es un ataque, sino un desafío. La pregunta es si estamos dispuestos a enfrentarlo o si seguiremos refugiándonos en simulaciones que nos mantienen cómodos, pero inmóviles.
Es hora de decidir.
Christian Ortíz.
Referencias
• Badinter, E. (1980). L’amour en plus: histoire de l’amour maternel. Flammarion.
• Connell, R. W. (2005). Masculinities (2nd ed.). University of California Press.
• Hooks, B. (2004). The Will to Change: Men, Masculinity, and Love. Atria Books.
• Ortíz, C. (2022, 4 noviembre). Para trabajarse la «masculinidad» [Video]. YouTube. https://youtu.be/xKklApu-56g
• Kimmel, M. (1997). Manhood in America: A Cultural History. Free Press.
• Levine, P. A. (1997). Waking the Tiger: Healing Trauma. North Atlantic Books.
• Segato, R. L. (2016). La guerra contra las mujeres. Traficantes de Sueños.
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